A Fin de Cuentas es Por Una Relación

Asistí a una boda en la que uno de los invitados viajó dieciséis horas en un avión con un bebé de un año y medio. Sé lo agotador que es entretener a un niño pequeño durante tantas horas y sentir el estrés de los pasajeros cuando su bebé está cansado y comienza a gritar. Es vergonzoso y frustrante intentar calmar a un bebé en un avión. Entonces, ¿por qué alguien haría ese viaje?

A fin de cuentas se trata de una relación. Existen relaciones que tenemos tan cercanas que no dudaremos en soportar los inconvenientes o las dificultades. Simplemente decimos “Estaremos allí”. La situación de este invitado que viajaba con un bebé durante dieciséis horas me hizo pensar en qué tan lejos viajaría y para quién. ¿Resistiría las dificultades para mis propios hijos o para un mejor amigo, pero no para un vecino casual? ¿Qué hay de mi relación con Dios? Dios dijo que nunca nos dejaría ni nos abandonaría. Dios tiene poder de permanencia, pero ¿y nosotros? ¿Hasta dónde viajaremos sin quejarnos para ir a donde Dios va? Nuestra voluntad de soportar revela la profundidad de nuestra relación o la falta de ella.

Cuando oro por tí, escucho una canción de victoria. Creo en tí porque creo en el poder de la Palabra de Dios en tí, cuando pones Su palabra en acción.

Con cariño de Anita Carman

Dios Anhela Consolarnos
El Poder De La Simplicidad

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