Escrito por Anita Carman

Querido Creyente,

¿Alguna vez has pintado tu raya en la arena en una relación y le has dado un ultimátum a alguien? Mateo capítulo 19, versículos 16-22 relata la historia de un hombre rico que le preguntó a Jesús cómo tener una relación eterna con Dios. En respuesta, Jesús desafió al hombre rico con esta declaración: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo.  Luego ven y sígueme.” NVI. El versículo 22 nos dice que “Cuando el joven oyó esto, se fue triste porque tenía muchas riquezas.” NVI.

Aprendamos de Jesús en nuestra relación con otros. Antes de darle un ultimátum a alguien, asegúrate de que sea necesario. En esta situación, Jesús quería que el joven viera que a pesar de haber logrado hacer muchas cosas maravillosas, aun no estaba a la altura de la perfección. Después, retó al joven a que vendiera todo sabiendo que no sería capaz de hacerlo. El motivo de Jesús no era que el hombre rico se deshiciera de todo.  Lo que quería era que el joven se diera cuenta de que no podía ser perfecto por su propia voluntad. El hombre se fue triste, porque todavía se estaba apoyando en su propio esfuerzo en lugar de apoyarse en un Salvador. Jesús fue claro en lo que se necesitaba para tener una relación duradera con El. En tu situación, si has trazado una línea en la arena, ¿el ultimátum se trata de una preferencia personal o de una necesidad? Siempre se claro en lo que es un término inaceptable.

Oro porque este mensaje te haya animado de una manera especial. Cuando oro por tí, escucho una canción de victoria. Creo en tí porque creo en el poder de la Palabra de Dios en tí, y cómo pones Su palabra en acción.

Con cariño, Anita

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