Cómo recuerdo ver a mi hijo mayor competir en un torneo durante su último año en la universidad.  Me informó que tenía cinco partidos seguidos y su entrenador le informó que tenía que ganar los cinco para que el equipo ganara.  Le susurré a su hermano menor: “¿No te sientes mal por tu hermano mayor por toda la presión que tiene?” Mi hijo menor dijo: “No, ¿por qué sentirías lástima por él?” Pregunté: “¿Cómo es posible? ¿Por qué no?” Mi hijo menor respondió con este hecho: “Mamá, no me siento mal por él porque tiene el don.  Cuando tienes un don eres responsable de usar tus dones.” Su respuesta cambió por completo mi perspectiva.

 

Mi hijo menor tenía tanta razón.  Cuando Dios nos ha dotado de liderazgo o de capacidad para ganar, Dios ya ha sembrado en nosotros lo que necesitamos para superar la presión y los desafíos.  Aquellos que son espectadores pueden observar a un campeón en acción.  Los campeones pueden sudar, pueden sentir presión, pero también tienen lo necesario para romper las barreras del éxito.  Entonces, la próxima vez que escuches a un líder expresar lo difícil que es la vida, siempre recuerda que los líderes que son campeones no viven de sus quejas.  No se quedan bocabajo por mucho tiempo.  De hecho, mientras todavía te estás preocupando por lo que compartieron contigo, ellos ya han superado el desafío y han vuelto a tener la cara en alto.  Y si la carrera en la que están se cierra por alguna razón, puedes estar segura de que encontrarán otra carrera.  Así que aprende a escuchar y luego mira a los campeones correr como el viento y maravíllate.

 

Cuando oro por tí, escucho una canción de victoria. Creo en tí porque creo en el poder de la Palabra de Dios en tí, cuando pones Su palabra en acción.

Con cariño de Anita Carman

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Fill out this field
Fill out this field
Please enter a valid email address.

Menu