Las Cosas Sencillas De La Vida

Mi nieto de nueve meses daba de gritos mientras yo escribía. Sus sollozos
agudos me alcanzaban en mi estudio. ¿Qué tipo de llanto era ese? ¿Estaba inquieto
o estaba practicando su voz? Me sorprende que a su corta edad ya haya formado
opiniones sobre lo que le gusta y lo que no le gusta de su alrededor. Fui a verlo
para ver qué estaba causando la conmoción y descubrí que estaba esperando un
plátano. No estaba gritando por desagrado o frustración, sino por anticipación. Sus
ojos se iluminaron cuando me vio y miró hacia quien lo cuidaba que estaba
preparando el plátano. Era como si me estuviera diciendo: “¡Mira lo que viene en
mi dirección! ¡Ya no puedo esperar más!” Su emoción me trajo una sonrisa.
¿Cuándo fue la última vez que me emocioné tanto por una fruta?
¿Podría ser que en cuanto más envejecemos, más pensamos que somos
sofisticados al querer placeres más complejos? Queremos todos los accesorios de
lujo y nos quejamos cuando no obtenemos exactamente lo que imaginábamos.
¿Pero qué pasaría si nos permitiéramos volver a lo sencillo? ¿Creamos una
necesidad de lo que Dios nunca quiso que consideráramos una necesidad? Al
pensar que ahora somos más maduros, ¿hemos perdido la alegría de los placeres
simples? ¿Podría ser que lo que llenará verdaderamente nuestros corazones sea lo
que Dios colocó en la tierra cuando creó el mundo por primera vez? Es el
amanecer, las flores, las corrientes de agua, el aire fresco, la fruta. ¿Podría ser que
Dios sepa que estos placeres simples llenarán nuestra alma?
Cuando oro por tí, escucho una canción de victoria. Creo en tí porque creo
en el poder de la verdad de la Palabra de Dios en tí, cuando pones Su verdad en
acción.
Con cariño de Anita Carman
Siente A Dios Con Tu Fe
No Eres Su Salvador

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