Querida Creyente,

Dios me ha dado un llamado en mi vida para enseñar su Palabra, y para alentar a quienes me rodean con Su Verdad.  Hay días en los que servir a Dios es fácil para mí.  Otros días lo hago por convicción y disciplina.  En los días cuando me siento emocionalmente agotada e incapaz de inspirar a nadie, me baso más en la fe que en mis emociones.  Sin embargo, al escribir un estudio bíblico más o un discurso más, lucho con mi mente que se distrae con decisiones críticas que tengo que tomar.  Por ejemplo, empecé a dudar de una decisión médica que necesitaba hacer con mi amigo y compañero canino de ocho años.  ¿Le doy permiso al veterinario para una cirugía exploratoria que requiere una incisión de diez pulgadas? ¿Cuáles son las implicaciones si espero hasta que realmente se sienta enfermo en lugar de hacer la cirugía cuando está contento y brinca sin dolor ni signos de enfermedad?

Solía ​​pensar que, si solo podíamos resolver el problema del costo, entonces no tendríamos ningún problema.  Ahora aprendí que, si el costo es en realidad mi único problema, realmente no tengo ningún problema.  El hecho es que hay situaciones en las que todos los recursos del mundo no te darán una solución.  Las decisiones en la vida, especialmente aquellas relacionadas con nuestra salud, tienen todos los niveles de riesgos e incertidumbre. ¿Mi cachorro tendría una peor calidad de vida si apruebo la cirugía? ¿Me atormentaría más tarde a mí misma si la cirugía lo dejara incapaz de correr como solía hacerlo? ¿Hubiera sido mejor dejar las cosas en paz y dejar que disfrutara los días restantes que le quedaban? O si no apruebo la cirugía, ¿me arrepentiría más tarde por no haberlo operado? Con todas estas permutaciones de lo que podría suceder repitiéndose en mi cabeza, estaba emocionalmente agotada. Nada más a mi alrededor se sentía urgente porque estaba respondiendo como una madre con un niño enfermo en casa.  Y luego, Dios me recordó que mi confianza no está en una opinión médica. A fin de cuentas, mi confianza debe apoyarse en Dios, el gran curador.

Permíteme que tome en cuenta la opinión de los excelentes médicos, pero permíteme mantener mi confianza arraigada en mi Padre celestial, quien escogió este cachorro para mi vida, durante el tiempo que se supone que debe estar en mi vida.  Permíteme no tomar una decisión con pánico sino con paz.  Entonces, pase lo que pase, podre poner mi futuro en las manos del Dios en quien puedo confiar en situaciones temporales, porque ya le he confiado con la vida eterna.

Cuando oro por tí, escucho una canción de victoria. Creo en tí porque creo en el poder de la Palabra de Dios en tí, cuando pones Su palabra en acción.

Con cariño de Anita Carman

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Fill out this field
Fill out this field
Please enter a valid email address.

Menu