Estaba viendo la final de un concurso de canto donde los dos concursantes finales estaban en el escenario para escuchar el anuncio del ganador. Hubo un redoble de tambores que aumentó la anticipación cuando el maestro de ceremonias anunció quién obtendría el premio. Tan pronto como se anunció el nombre del ganador, la audiencia se puso de pie, el confeti cayó desde la parte superior del escenario y la orquesta llenó la sala con crescendo. Las cámaras se enfocaron sobre el ganador y sobre los que corrieron al escenario para abrazarlo y compartir su momento mágico. Mientras tanto, me fijé en la esquina de la cámara viendo al otro concursante en el escenario que no ganó el premio. Mi corazón se fue con él. ¿Cómo se siente estar tan cerca y ver que el premio se vaya con otra persona? Ambos eran creyentes. Desde la perspectiva del cielo, ¿qué es lo que acaba de pasar?

La Biblia nos dice que a Dios no le impresionan los premios terrenales que el tiempo y el óxido destruirán. Él estaba satisfecho con los dos concursantes que usaron el regalo que les había dado y lo honraron con sus testimonios personales. Solo Dios controla los resultados y nuestro papel como creyentes es confiar en que Sus planes cumplan tanto su propósito en la tierra como para nosotros personalmente. Una de las formas en que Dios me ha enseñado a ver situaciones en las que uno es elegido para un honor en la tierra y otro no, es recordar que el honor que importa es el que recibiremos en el cielo. Estas no son solo palabras para hacernos sentir mejor por una pérdida, pero esta verdad es lo que la Biblia enseña. Corremos para ganar una corona de un reino eterno.

Para mí personalmente, recuerdo una vez que no fui elegida. Cuando acudí a Dios con mi corazón quebrado, Él imprimió estas palabras en mi espíritu: “¿Considerarás la ganancia terrenal como basura en comparación con el tesoro inigualable de conocerme? Si en este momento elijo reservarme tu regalo solo y elegir no compartirlo con más, ¿dirías que tu regalo se desperdicia? ¿Harás tu mejor esfuerzo y trabajarás solo para mí?” Todo lo que sé es que, en medio de una furiosa tormenta dentro de mí, una palabra del corazón de Dios al mío, y la tormenta fue silenciada. Él ofrece la última palabra para mi vida.

Cuando oro por tí, escucho una canción de victoria. Creo en tí porque creo en el poder de la Palabra de Dios en tí, cuando pones Su palabra en acción.

Con cariño de Anita Carman

 

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