Recuerdo que cuando estaba en la universidad, un profesor de mi clase de sociología dijo que, si al final de tu vida puedes contar cinco verdaderos amigos, entonces has estado verdaderamente bendecido. Cuando escuché por primera vez esta afirmación, pensé de este profesor como una persona deprimida. Su mundo era tan diferente al mío, un estudiante de primer año en ese momento viviendo en un dormitorio con miles de personas en mi vida todos los días. Estaba viviendo en una época en la que agregaba recién llegados a la lista de mis amigos. Luego, cuando terminaron los días de la universidad y los amigos que estudiaban conmigo en la biblioteca o que iban a todos los eventos del campus, se mudaron fuera del estado en busca de empleo, me encontré desconectándome de esas platicas diarias. El tiempo y el espacio tienen una forma de distanciarnos de las relaciones que esperamos que nos mantengan por el resto de nuestras vidas. Cuando alguien se casa y tiene hijos y tu permanece soltera, o cuando alguien permanece soltero y tú te casas, todos estos cambios en la vida afectan nuestros intereses y temas de conversación. Entonces, ¿cómo acabamos con solo cinco amigos verdaderos, cuando mucho?
Creo que la razón es porque no es tan fácil encontrar a un amigo para todas las épocas que perdure en todas las transiciones de tu vida. Al mismo tiempo, para vivir una vida plena, necesitamos estar conectados a una comunidad con la que podamos contar. Para algunos, esa comunidad proviene de una familia, una iglesia, un vecindario, un lugar de trabajo, un ministerio o de todo lo anterior. Necesitamos actuar con intención para elegir las comunidades adecuadas que puedan servir como fuente de suministro para las relaciones en las diferentes temporadas de nuestras vidas. Dios no nos diseñó para volar solos. Volamos mejor cuando volamos juntos.
Cuando oro por tí, escucho una canción de victoria. Creo en tí porque creo en el poder de la Palabra de Dios en tí, cuando pones Su palabra en acción.
Con cariño de Anita Carman
