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Me estaba yendo muy bien cuidando a un cachorro labradoodle de siete meses que terminó en mi casa.  Lo llevé al veterinario, lo peiné hasta que su pelaje estaba suave y esponjoso.  No pude encontrar un broche menos femenino en la tienda de mascotas, así que terminó con uno rosa y gris.  Le dije que no se preocupara porque últimamente he visto rosa en los chicos, por lo que se considera de última moda.  Sintiéndome a gusto sobre lo bien que se estaba aclimatando a mi casa antes de ir a su nuevo hogar, lo dejé salir a correr por mi patio trasero, antes de que sucediera lo más inesperado. Tal vez porque la pinza de pelo no estaba funcionando muy bien porque tenía demasiado pelo delante de los ojos, brincó en el césped y continuó directo hacia la piscina.  Mientras lo veía hundirse, me congelé en estado de shock por un segundo. Luego metí el pie en el agua (con el calzado puesto), lista para brincar hacia él, cuando surgió en la superficie del agua y comenzó a nadar.  Por su propia iniciativa, nadó hacia las escaleras y salió. No se veía asustado, pero estaba temblando un poco por el agua fría. Quería decirle: “Oye, pequeñín, ¿Qué no te dijo nadie que no puedes “caminar sobre el agua”? Y entonces me vino el pensamiento más reconfortante.

¿Cuántas veces me encuentro corriendo, ajena al cambio que se aproxima y de repente ese cambio me obliga a pasar de un estado de sueño a uno de rescate? ¿Cuántas veces me sorprendo cuando el terreno bajo mis pies cambia inesperadamente?  Sin embargo, a pesar de todo, mi seguridad no depende del terreno sino de la presencia de Dios, mi Padre y maestro celestial.  De la misma manera que el cachorro no estaba en riesgo porque yo estaba al pendiente y cuidándolo, estoy a salvo bajo el cuidado de mi Padre celestial. La única diferencia entre mi jornada y la de este cachorro es que a veces mi Padre celestial me deja sin peso y me encuentro yo misma “caminando sobre el agua”, elevándome por encima de las tormentas de mi vida.  Sigo aprendiendo que las tormentas no detienen a la misión de Dios. Nunca lo han hecho y nunca lo harán.

Cuando oro por tí, escucho una canción de victoria. Creo en tí porque creo en el poder de la Palabra de Dios en tí, cuando pones Su palabra en acción.

Con cariño de Anita

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