Querida Creyente,
Frecuentemente, nuestras decisiones en la vida ocurren en un contexto de opciones. Estas opciones son necesarias cuando solo puedes asignar una cantidad limitada de tiempo y de recursos a tus necesidades personales y a las necesidades de los demás. Cuando el llamado de Dios en mi vida afecta mis recursos hasta el punto de que no puedo financiar las necesidades que a mí me importan, debo elegir entre dejar que mi corazón me guíe o someterme a donde me guíe Dios. Por ejemplo, hay relaciones en mi vida que significan mucho para mí personalmente. Estar en relación con aquellos a quienes amo me ha costado tiempo y dinero, lo que con gusto doy. Pero ¿y si Dios pide mi tiempo y dinero para cuidar de las personas que le importan, con las que no estoy relacionado personalmente? Es en momentos como estos que entiendo de una gran manera cómo se sintió Jesús y el nivel de sacrificio que hizo por nosotros en la cruz. Cuando la Palabra de Dios nos dice que amamos porque Él nos amó primero, esto también me dice que Jesús hizo una elección de amarnos, por obediencia a Su Padre. ¿Habría preferido quedarse en el cielo con el Padre en lugar de salir de su casa y estar ausente durante treinta y tres años, por personas que no lo conocían, y por muchos que no estaban agradecidos por su sacrificio?
Lo que aprendí de Jesús no es determinar si algo o alguien vale mi sacrificio dependiendo de la respuesta que recibo, sino valorar el sacrificio basado en mi deseo de obedecer a Dios. Sí, el sacrificio de ser obediente hacia Dios vale la pena porque Él es digno. Esa es la única forma en que puedo pasar por períodos en mi vida cuando mi corazón se rompe o cuando los que están a mi alrededor dan por hecho mi sacrificio. En vez de sentirme con rencor, encuentro alegría en el servicio basado en mi relación con Dios mi Padre. Tatiana Fox, mi hija espiritual, dijo: “En la vida tendremos días buenos y días malos. Está bien tener algunos días malos”. Así que mientras pongo mis días buenos y malos en el altar, celebro que Dios mi Padre es digno de todos nuestros días. Feliz Navidad.
Cuando oro por tí, escucho una canción de victoria. Creo en tí porque creo en el poder de la Palabra de Dios en tí, cuando pones Su palabra en acción.
Con cariño de Anita Carman
