Tengo una perra golden retriever llamada Ivory y un labradoodle de 70 libras de nombre Ebony. Ivory me sigue porque siempre quiere que le dé una galletita. Así que en cuanto ve que ya no tengo galletas o que no tengo intención de ir hacia el tarro de galletas, se va. Ebony me sigue por nuestra relación. Cuando me muevo, él se mueve, y camina tan cerca de mí que a veces choca conmigo, le encantan las galletitas también, pero eso no es lo que busca. Él se identifica con la relación y la compañía, se siente seguro en mi presencia. Está contento porque ha encontrado su lugar en la vida justo a mi lado. ¿Adivina con quién me siento más cercana?
Una vez hablé con un entrenador que dijo: “Un perro que esta seguro al saber que tú eres el amo no actuará inquieto o ansioso. Ese perro se echará tranquilamente a tu lado. Ese es el lugar que le corresponde al perro. Un perro que camina de un lado a otro está mostrando ansiedad y que no está seguro de quién es su amo. Ese perro puede ser desafiante a menudo, y no venir cuando se le llama o venir cuando tenga ganas. Piensa que eres subordinado a él, pero como no tiene lo que se necesita para ser el líder, está ansioso y con muchos nervios. Él necesita un ajuste y tener en su cabeza que tú eres su amo. Solo así él estará bien”.
Dios usa a mis perros para enseñarme sobre mi relación con El. ¿Solo estoy interesada en lo que Dios puede darme como una bendición o anhelo a Dios como persona? ¿Respondo cada vez que Dios me llama o solo cuando tengo ganas? Cuando veo cuán calmado y tranquilo está Ebony, me sirve como recuerdo de que si no me siento satisfecha, ¿podría ser que me he convertido de ver a Dios mismo como mi premio a solo estar queriendo un regalo? ¿Es hora de un ajuste?
Con cariño de Anita Carman
