Escrito por Anita Carman
Querida Creyente:
Cuando alguien comete un pecado, ¿lo juzgas? Cuando pensamos en expresiones como “Nunca cometería tal pecado” o “Eso nunca podría sucederme a mí”, desafiamos al diablo y es como si nos preparáramos para caer. Mi madre y mis errores me enseñaron a no juzgar a nadie. “Y aunque de vez en cuando había juzgado a mi madre por sus decisiones, ahora reconozco que nunca debo juzgar a nadie. Las mayores tragedias resultan de un corazón roto, y ¿cómo responden las personas con un corazón roto? No con juicio. En lugar de eso, oramos para que Dios muestre misericordia, y lo superen. Y les das toda la ayuda que puedes.” (Cita de “El Destino de una Hija”)
Pablo nos dice en Gálatas 6:1, “… si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado.” NVI Mientras ministramos a los atrapados en el pecado, debemos cuidarnos a nosotros mismos para que no caigamos en pecado. El pecado es como arenas movedizas. Una vez atrapado en ellas, es difícil salir. Mientras que, al ayudar a otros, no serás succionado.
Cuando oro por tí, escucho una canción de victoria. Creo en tí porque creo en el poder de la Palabra de Dios en tí, cuando pones Su palabra en acción.
Con cariño, Anita
Autora de “A Daughter’s Destiny” (“El Destino de una Hija”)
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