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Querida Creyente,

He permitido distraerme.  Al tratar de restaurar mis alrededores a lo que solía ser antes de la inundación, me encontré sin terminar nada.  Un paso hacia adelante resultaba en tres pasos hacia atrás, ya que los contratistas desaparecieron durante días y salieron otros daños que no se habían descubierto en una inspección previa.  Seguí pensando que, si me concentraba más en hacer las reparaciones, se realizarían más rápido.  Entonces me di cuenta de que esto me había sucedido antes.  Había olvidado la lección que había aprendido cuando estaba en una situación similar.  La lección fue esta: la vida siempre te lanzará dardos inesperados que hacen que tu situación sea menos que perfecta.  En lugar de consumirnos en una restauración de nuestros alrededores a la perfección, debemos elegir diariamente concentrarnos en actividades de consecuencias eternas.

 

Entonces, al vivir esta lección, necesito organizar mis actividades entre lo que se puede hacer inmediatamente, lo que debe esperar, y lo que debe continuar haciéndose a diario debido a su importancia eterna.  Ahora mi vida estará equilibrada de una manera que honre a Dios.  No voy a dejar que las imperfecciones de un mundo caído me descarrilen de lo que Dios está logrando en la tierra.  No caeré en la estrategia de Satanás para distraer a los creyentes con cosas que no importarán en la eternidad.

 

Cuando oro por tí, escucho una canción de victoria. Creo en tí porque creo en el poder de la Palabra de Dios en tí, cuando pones Su palabra en acción.

 

Con cariño de Anita Carman

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