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Un atleta que compite en las olimpiadas puede participar en carreras diferentes.  Por ejemplo, un atleta puede competir en la categoría de 100 metros, carreras con obstáculos, o de relevo de 4×100 metros.  Puede ser que obtenga una medalla de oro en una, acabar con una de bronce en otra carrera, y para otro evento puede que ni siquiera llegue a las finales.  Al final de todas las carreras, él suma todos sus puntos para determinar en qué lugar terminó en el evento completo.  Mientras compite en una carrera, no puede ponerse a pensar en la derrota de una carrera anterior si todavía tiene otra carrera por participar.  Necesita mantenerse concentrado y evaluar los resultados generales al final.

De manera similar, tenemos la oportunidad de correr carreras diferentes en el transcurso de nuestras vidas.  Cuando nos enfrentamos con adversidad en una de las carreras en las que corremos en la vida, no podemos detener todo y concentrarnos en esa adversidad.  La Palabra de Dios nos dice que debemos correr de una manera para ganar el premio.  Piensa en esto como el premio global de todas las carreras en las que participas en una competencia.  El lugar que obtengas estará basado en los resultados combinados de todas las carreras en las que estás participando.  No dejes que un infortunio te saque de la competencia.  No te rindas prematuramente.  No nombres al ganador antes de que termine la carrera.  Nunca sabemos qué puede pasar para trastornar una carrera y ponernos a la cabeza. A veces, solo toma un giro inesperado de los hechos para que ganemos el premio.  Así que mantén el rumbo, corre duro y sigue corriendo hasta que Dios te llame a casa.

Cuando oro por tí, escucho una canción de victoria. Creo en tí porque creo en el poder de la Palabra de Dios en tí, cuando pones Su palabra en acción.

Con cariño de Anita Carman

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