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Desarrollar líderes es una tarea gratificante que conlleva algunas decepciones.  A lo largo de los años, me he dado cuenta de que hay un patrón que se repite por personas con potencial para liderar.  A veces, estas personas no lograron desarrollar su potencial porque tenían demasiada prisa.  Tenían urgencia de obtener un título antes de demostrar su carácter. Querían más y, al perseguir más, terminaron abandonando su puesto prematuramente.  Me recuerdan al hombre que cayó a los pies de Jesús y le preguntó cómo podía alcanzar la vida eterna.  El hombre no se acercó a Jesús pensando que le faltaba algo.  De hecho, se acercó con la seguridad de que había hecho todo bien.  Estaba seguro de que no había nada que lo alejara del premio.  Cuando Jesús lo desafió a ir y vender todo, lo hizo como una prueba que revelaría su corazón.  ¿Qué tan importantes eran sus posesiones y lo que había construido? ¿Dejaría todo por una relación con Dios? Tristemente, el hombre falló la prueba y se alejó.

 

Como esa elección, así veo las opciones de muchos líderes con potencial para liderar.  Insisten en un título, exigen un papel clave, persiguen lo que creen que se les debe.  Mientras tanto, lo que Dios busca es el corazón de un hijo o hija que se deleitará en hacer lo que quiera el Padre porque ese individuo está satisfecho con la relación.  Personalmente, yo busco líderes que se conecten con mi corazón.  No me impresionan tanto sus habilidades como el saber que estas personas se deleiten en servir a mi lado.  Sé que siempre le puedo enseñar habilidades a alguien, pero ¿dónde se encuentra el corazón en el que puedo confiar que se quede cuando el terreno se pone difícil?  Los ojos de Dios buscan en la tierra a aquellos cuyos corazones hagan bien hacia Él.   De la misma manera, los líderes buscan un corazón que sea confiable.  Ningún líder le pasa la batuta a alguien en quien no puede confiar.  Esta persona no necesita preocuparse por títulos o recompensas porque todas estas bendiciones llegarán a tiempo.  Al enfocarse en la relación, cosecharán las bendiciones que Dios ha preparado para ellos.  Pero lamentablemente, en la búsqueda que tienen individuos por recibir más, muchos quieren demasiado, demasiado pronto, y terminan dejando atrás sus bendiciones.  La humanidad caída continúa gravitando hacia lo que podemos hacer por Dios o por el mundo cuando avanzamos más, al enfocarnos menos en lo que podemos hacer y más en lo que podemos ser.  Si partimos del desarrollo del carácter y de la relación con Dios y con los líderes con los que Dios nos ha colocado, lo que terminaremos por hacer estará más allá de lo que nunca nos imaginamos.

 

Cuando oro por tí, escucho una canción de victoria. Creo en tí porque creo en el poder de la Palabra de Dios en tí, cuando pones Su palabra en acción.

 

Con cariño de Anita Carman

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